ARTICULACIONES Y SUSTANCIAS NATURALES PARA SU TRATAMINETO
Las articulaciones están amortiguadas por el líquido sinovial y el cartílago que las rodea. En las enfermedades articulares degenerativas (artritis, artrosis, espondiloartropatías, etc.) se produce un deterioro y una pérdida de ese cartílago articular. Junto al tratamiento médico, existen otras formas naturales de combatir su sintomatología, como pueden ser los hábitos dietéticos o la ingesta de determinados complementos dietéticos.
Estos tratamientos son capaces de mantener el tejido conjuntivo en correcto estado, lubricando y protegiendo las articulaciones adecuadamente.
1. DIETA RICA EN AZUFRE
El azufre se encuentra en el organismo como sulfato y formando parte de aminoácidos azufrados (cistina, cisteína y metionina) y determinadas moléculas orgánicas.
Forma parte esencial del colágeno, por lo que el cuerpo necesita azufre para producir tejido conectivo, conjuntivo, tendones, cartílagos y ligamentos. Una deficiencia crónica de azufre afectará a aquellas estructuras relacionadas como puede ser la piel, las articulaciones, las estructuras óseas, etc.
Como ya se ha comentado previamente, el azufre se presenta sobre todo ligado a aminoácidos azufrados. Son, por tanto, las ingestas de alimentos proteicos (carnes, pescados, huevos y lácteos) las más indicadas para conseguir un aporte adecuado de azufre. Aunque también pueden encontrarse, en menor proporción, en verduras y hortalizas muy aromáticas (cebolla, ajo, puerro, espárragos, coles, etc.).
La dieta ha de ajustarse a unas cantidades mínimas de proteínas, pero también máximas, con el fin de evitar el efecto contrario (descalcificación de los huesos producida por una dieta muy elevada en aminoácidos azufrados).
2. COMPLEMENTOS DIETÉTICOS
Actualmente, se pueden encontrar en el mercado (herbolarios y parafarmacias) complementos dietéticos que ayudan a mantener las articulaciones en buen estado. Las sustancias más destacables son el sulfato de glucosamina, el condoitrín sulfato y el ácido hialurónico.
Estos compuestos pueden ser utilizados como medida farmacológica o como complemento preventivo en estados fisiológicos (deportistas, mujeres menopáusicas, personas mayores, etc.).
Tanto la condoitina como la glucosamina han sido estudiadas y valoradas desde 1980, atribuyéndolas la capacidad de:
- Enlazar las moléculas de agua con el fin de mantener lubricadas las articulaciones.
- Disminuir el dolor articular.
- Reducir el uso de fármacos antinflamatorios con el fin de evitar sus efectos secundarios.
- Regenerar y reparar el cartílago dañado.
En un estudio llevado a cabo desde 1980 hasta el 2002 y publicado en la revista Archives of Internacional Medicine se demostró cómo la glucosamina mejoraba significativamente los síntomas padecidos por determinados individuos aquejados de artritis de rodilla. Pero, no solo se observó una mejora en el espacio entre las articulaciones, sino que se mostró un aumento de la movilidad y de la funcionalidad física, que incluía una disminución notable del dolor.
En el momento de consultar el etiquetado de un complemento dietético, es importante confirmar la presencia de estas sustancias y no otras similares (clorhidrato de glucosamina, glucosamina acetilada, etc.), ya que no hay estudios que demuestren la eficacia de compuestos no azufrados y similares a los aquí tratados.
2.1 El sulfato de glucosamina (xicil)
El sulfato de glucosamina es una sustancia que se encuentra de forma natural en el cuerpo humano. Está presente en el líquido que rodea las articulaciones y es utilizado por el organismo para producir otras sustancias involucradas en la formación de tendones, ligamentos, cartílago y líquidos sinovial.
Es extraído a partir de la conchas de cangrejos, langostas y camarones, aunque también puede presentarse de forma sintética.
Ha sido clasificada por el Natural Medicine Comprehensive Database (Base Exhaustiva de Datos de Medicamentos Naturales) como un tratamiento probablemente eficaz para la osteoartritis de rodilla, cadera y columna vertebral, y posiblemente eficaz para la artritis de la articulación temporomandibular.
Es capaz de aliviar el dolor, con mayor demora, pero con la misma eficacia que antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno o el piroxicam. Además, tomado a largo plazo, podría retardar el desgaste de aquellas personas que padecen de osteoartritis.
Es importante evitar el consumo de sulfato de glucosamina en caso de embarazo, lactancia, asma, diabetes o alergias al marisco. Además, está demostrada la interacción con determinados fármacos como la warfarina (anticoagulante), determinados medicamentos para combatir el cáncer que enlentecen la proliferación celular, acetaminofeno o antidiabéticos.
2.2 El condroitín sulfato (condrosan, condrosulf o droglican)
El condoitrín sulfato o sulfato de condoitina es un compuesto presente en el organismo de forma natural. Se encuentra habitualmente ligado a la formación de proteoglicanos (agrecano, versican, brevican y neurocan), otorgando al cartílago de mayor flexibilidad. Se considera además uno de los componentes mayoritarios de la matriz extracelular de tejidos conectivos, cartílago, tendones, ligamentos, piel y vasos sanguíneos. Como parte del agrecano, es también considerado uno de los compuestos mayoritarios del cartílago.
Las empresas fabricantes de este tipo de complementos dietéticos obtienen el sulfato de condroitina a partir del cartílago de tiburón, el cartílago de la tráquea bovina o el de origen marino, aunque la industria farmacológica lo sintetiza con el fin de incorporarlo a determinados fármacos con receta médica.
Diversos ensayos clínicos, recopilados y publicados en la revista Annals of Reumatic Diseases, demuestran la capacidad del condroitrín sulfato de mantener hidratados estos proteoglicanos, otorgando a estos cartílagos una mayor resistencia a la compresión. Estos estudios también demuestran su actuación a nivel de:
- Cartílago: favorece la síntesis de proteoglicanos, ácido hialurónico y colágeno II. Disminuye la formación de sustancias capaces de dañar el cartílago (determinadas enzimas proteolíticas, óxico nítrico, radicales libres, etc.) y reduce la apoptosis (muerte celular, regulada genéticamente). También posee un efecto antiinflamatorio.
- Membrana sinovial: estimula la síntesis de ácido hialurónico. Reduce la inflamación y el derrame articular.
- Hueso subcondral: interviene en su equilibrio óseo.
Y aunque el efecto clínico tarde entre dos y tres semanas en aparecer, puede alcanzar la misma eficacia que un antiinflamatorio, y con un efecto remanente de hasta dos meses.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha clasificado esta sustancia como un antiinflamatorio y antirreumático no esteroideo. No presenta toxicidad (en dosis inferiores a 1 o 2 gramos al día) ni interacciones con otros medicamentos, aunque su uso en menores de 18 años, embarazadas y pacientes con alteraciones renales, hepáticas o cardiológicas está desaconsejado.
En Europa, esta sustancia ha sido utilizada desde hace 20 años, mientra que en España se ha empezado a comercializar en 2003, en forma de cápsulas o sobres.
2.3 El ácido hialurónico
El ácido hialurónico es un mucopolisacarido que se presenta en el organismo de forma natural. Sintetizado durante la niñez y la juventud en cantidades más elevadas, forma parte de articulaciones y tejido conjuntivo.
Las propiedades del ácido hialurónico son varias, pero en general, interviene en el mantenimiento de las moléculas de agua en células y tejidos, ya que es capaz de absorber 3.000 veces su peso en agua. Por otra parte:
- Lubrica las articulaciones.
- Protege la articulación (cartilaginosa o no), reduciendo el daño producido por el movimiento fisiológico.
- Controla la evolución de la osteoartritis y el dolor articular.
El ácido hialurónico puede administrarse a través de dos vías:
- Inyección intra-articular, donde se ha mostrado mayor eficacia del tratamiento, debido al suministro inmediato y directo del compuesto. Oral, en forma de cápsulas.
Fuente: IPS


